jueves, 20 de agosto de 2015

La arquitectura en la época de la república

A inicios del siglo XIX, la urbe Limeña todavía se encontraba delimitada por las murallas, construidas como medio de proteger la ciudad -controlada por España- de la expansión clandestina del mercado inglés (1685). En lo arquitectónico, el barroco –que fue el estilo dominante durante el siglo XVII hasta mediados del XVIII, momento en que aparece el rococó y neoclásico-, había entrado en declive y prácticamente durante todo el siglo XIX el neoclásico se impuso, ...“en un principio como arte decorativo y cortesano y luego, con la independencia, se constituyó como el arte de los nuevos líderes, quienes adoptaron las formas arquitectónicas que venían desde Francia, pues el neoclásico era expresión del espíritu burgués de la Revolución Francesa”. 1

A pesar de la independencia de España, el nivel cultural e ideológico perduró en los primeros decenios de la república. Tal es así que los modos de vida y comportamiento coloniales subsistieron, y la arquitectura –en especial la vivienda-, como reflejo de estos cánones de vida, permaneció intacta en su organización espacial.

Gráfico 1: Distribución espacial de la casa colonial. Fuente: Rodríguez, Luis. "Arquitectura Limeña: paisajes de una utopía"

Las nuevas formas de arquitectura que surgieron –que fueron pocas-, aparecieron debido a la migración de extranjeros, quienes crearon nuevos centros urbanos-rurales (Miraflores, Barranco y Chorrillos), cuya arquitectura: la casa sub-urbana, la casa-hacienda y la casa-rancho, se diferenciaron espacialmente de la casa colonial y republicana que predominaba en el centro de Lima. Estas nuevas formas, sin embargo estaban marcadas por el neoclasicismo o en su defecto, estaban basadas en estilos arquitectónicos vigentes en ese momento en Inglaterra, Francia e Italia. Esta migración poblacional, introdujo cierto modernismo europeo en el medio local pero la llamada casa republicana, fue el tema principal del periodo, a diferencia de la arquitectura religiosa que dominó el periodo colonial.  2

Como señala Luis Rodríguez Cobos, si bien la casa republicana mantuvo la distribución espacial semejante a la casa colonial, la expresión formal de las fachadas y la ornamentación fueron modificadas, introduciéndose las nuevas formas por un academicismo dominante en la ideología estética. “La adopción del Neoclásico determinó cambios plásticos y ornamentales en la arquitectura (republicana). Se abandonaron las formas gruesas y pastosas del barroco colonial por la finura, el equilibrio y la estructuralidad de las formas clásicas. Desaparecieron los pequeños balcones de celosías, que cedieron su lugar a largas galerías de madera y vidrio, rematadas por cornisas clásicas que con los balcones republicanos (…). La naturaleza industrial de muchos de los elementos de la arquitectura republicana fue una característica interesante. Muchos de los cornisamientos y los relieves se producían en fábricas y los diseños de los balcones eran estandarizados, razón por la cual en Lima, cinco o seis diseños-tipo de balcones se repiten un sin número de veces. Con las rejas sucedió lo mismo: se abandonó el hierro forjado, procedimiento artesanal, por la fabricación a base de piezas standard de hierro fundido. La expresión de la industria a través de la estandarización y uniformización, le dieron a la arquitectura republicana un carácter moderno y, si se quiere avanzado”. 3



Gráfico 2: Distribución espacial típica de la casa republicana. Fuente: Inventario FAUA UNI, 1993.

A fines del siglo XIX (1870-80), la arquitectura republicana que constituyó una expresión formalmente original –gracias a la evocación de la arquitectura colonial y por incidencia del neoclasicismo-, tuvo un declive hasta finalmente desaparecer para dar lugar a un periodo netamente Académico o Clásico, basado en los cánones de composición y ornamentación de las academias europeas, el cual duró hasta los años 20-30 del siglo XX, momento en que emerge la inquietud por una arquitectura nacional y propia.

Citas:
1. Haro y Madueño (35), op. cit. p. 113.
2. Rodríguez Luis. “Arquitectura Limeña: paisajes de una utopía”, Colegio de Arquitectos del Perú, 1983, p. 23. 
3. García Bryce, José “150 Años de Arquitectura Peruana”, Rev. de la Sociedad de Arquitectos del Perú, Boletín Nº 11, Lima, 1962, pp. 41 y 42.

domingo, 1 de junio de 2014

Restauración: La retratabilidad del manual teórico

El restauro puede ser considerado una materia reciente comparado con otras teorías del ámbito científico; de acuerdo con Beatriz Kühl, la preservación de los bienes culturales como la entendemos en la actualidad, comenzó a perfilarse más claramente en el siglo XV, momento en que las obras más antiguas perdieron el carácter utilitario y pasaron a tener una motivación cultural. En ese sentido, los estudiosos reconocen que “…a partir de finales del siglo XVIII la preservación va a sistematizarse, asumiendo de forma gradual una mayor autonomía y consolidándose como un campo disciplinar autónomo.” 1

Sin embargo es significativo señalar que a finales del siglo XIX y a inicios del siglo XX, el valor artístico se impuso al valor histórico y pasó a ser determinante para las interferencias restauradoras, según lo señalado por Alöis Riegl en la obra “El culto Moderno a los Monumentos”. Con el paso del tiempo, el valor artístico de los bienes patrimoniales adquirió más relevancia en el área de la restauración y se pudo ver materializado en principios como la mínima intervención, la distinguibilidad y reversibilidad, los mismos que se consolidan en el siglo XX y pasan a ser el punto de partida de buena parte de las intervenciones en materia de restauro. Dichas premisas corresponden a los paradigmas que hoy sirven de guía para justificar las intervenciones en los objetos, cuyos valores no necesariamente se refieren a los de las obras de arte, sugeridos por la teoría. Se observa que en las últimas décadas, la ampliación del campo del patrimonio agregó otros tantos valores, con lo cual las cuestiones patrimoniales pasaron a ocupar un lugar de destaque sin precedentes, modificando significativamente las referencias respecto a lo que se quiere preservar, conservar y restaurar.2

Partiendo de la consciencia cultural adquirida durante el siglo XX, la teoría de Cesare Brandi (Teoría del Restauro) se destacó y se mantiene todavía como la principal fuente de referencia para las acciones de restauración. Sin embargo, es justamente a raíz del ensanchamiento del concepto de cultura que percibimos los hechos que se desarrollan en el espacio de tiempo comprendido entre finales del siglo XX  y comienzos del siglo XXI, en donde la teoría brandiana se convierte en herramienta limitada en cuanto a la justificación de las acciones aplicadas a la conservación de los bienes culturales.3

En la actualidad los objetos dispuestos a la restauración pueden presentar funciones tangibles o intangibles, y esta permeabilidad perturba con intensidades diferentes a los diversos actores que se relacionan con el objeto. Por otra parte, en el marco de la restauración se sugiere que ningún proceso es reversible y como el profesional tiene el deber ético de respetar la legitimidad de los grupos actuales y futuros, parece evidente que otra cuestión se impone, como es justamente la que aparece asociada a la toma de decisiones en la labor restauradora. En ese sentido emergen con fuerza otras disyuntivas, es decir ¿cuál es la labor del restaurador en los procesos actuales de salvaguardia de la memoria?
  
Gadamer resalta brillantemente la importancia del compromiso atemporal con todas las épocas del monumento, especialmente en el escenario de la ciudad global que es la ciudad hoy en día; “En  realidad,  la  supervivencia  de  los  grandes  monumentos arquitectónicos del pasado en la vida del tráfico moderno y de sus edificios plantea la tarea de una integración pétrea del antes y el ahora. Las obras arquitectónicas no permanecen impertérritas a, la orilla del río histórico de la vida, sino que éste las arrastra  consigo. Incluso cuando épocas sensibles a la historia intentan reconstruir el  estado  antiguo  de  un  edificio no pueden querer dar marcha atrás a la rueda de la historia, sino que tienen que lograr por su parte una  mediación  nueva  y  mejor  entre  el  pasado  y  el  presente.  Incluso el restaurador o el conservador de un monumento siguen siendo artistas de su tiempo.” 4

La tarea del restaurador es conocida por tomar parte importante de la responsabilidad del mantenimiento de los bienes, según la legitimidad que le concedan las colectividades. La experiencia ha resaltado la coherencia de las teorías contemporáneas de la restauración, según las cuales la posición óptima es aquella que cumpla de forma más equilibrada con un mayor número de funciones y que atienda a más usuarios, desde una óptica de satisfacer sensibilidades. El hecho es que cualquier intervención debe ser sustentada por principios éticos y por profesionales capacitados, que se mantengan en estado de constante profundización teórica y práctica. De esta manera, queda todavía otra cuestión igualmente relevante ¿Cómo se da el vínculo entre la teoría y la práctica de la restauración? ¿Acaso ese conflicto se ha considerado en la evolución que la temática presenta en el acelerado siglo XXI?


                             © Catedral, Mercè Zazurca. EDU SOTOS.


Citas:
1. KÜHL, Beatriz. (2006) “Historia y ética de la conservación y restauración de monumentos históricos". Revista CPC - USP, nº 1, p. 16-40.
2. CASTRIOTA, L.B. (2009) “Patrimônio Cultural. Conceitos, Políticas, Instrumentos". São Paulo, Annablume. p. 12.
3. VELLEDA, Karen; ÁVILA, Carlos. (2013) "La retratabilidad: La emergencia e implicaciones de un nuevo concepto en la restauración". Univ. de Málaga, Revista Contribuciones a las Ciencias Sociales. [online].
4. GADAMER, Hans-George. (1977) “Verdad y método. Fundamentos de una hermenéutica filosófica”. Traducción de Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito, Ed. Sígueme, Salamanca.

miércoles, 21 de mayo de 2014

La gestión de la identidad urbana


“¿Qué distingue a unas ciudades de otras?, ¿Qué hace que unas sean mortecinas y otras alegres? ¿Qué hace que unas sean salvajes y efervescentes mientras que otras son sobrias y sofisticadas? La edad, la geografía y la historia, (…) la relación con el interior del país, la variación demográfica, y también otros factores misteriosos e inexplicables” 1 A través de los años, la concepción de la valoración del patrimonio ha evolucionado hasta poder afirmar que hoy en día, la sociedad ha comenzado a comprender el valor social de los bienes culturales –en todas sus representaciones- como parte importante en la construcción y el fortalecimiento de la identidad de una comunidad.

Sin embargo, y como lo señala la arquitecta Silvia Fajre en su artículo sobre Patrimonio Cultural e Identidad Urbana del gobierno de Buenos Aires; existe  una faceta  poco profundizada: el valor económico y el potencial de los bienes de valor patrimonial como dinamizador de recursos, generador de empleo y como desarrollo económico. Bajo una perspectiva de utilizar el patrimonio como clave importante para preservar la identidad frente a la globalización -ya que este constituye un capital generado por el conjunto de la sociedad-, es vital no solo su protección sino también su incorporación en la totalidad de los aspectos referentes al desarrollo social y económico de una sociedad.

Por lo tanto, estamos hablando de una gestión de la identidad a través de la capacidad de potenciar los valores del patrimonio, en sus distintas escalas y de manera sustentable, ya que como cualquier recurso, su degradación o pérdida implica un  alto  riesgo social y económico. “La conservación, preservación, y sustentabilidad de  la oferta patrimonial, incrementa el capital social manteniendo la identidad y la memoria colectiva  a  nivel  local, optimizando las relaciones internas del tejido social  al mismo tiempo que  es generador de ocupación laboral y riqueza”. 2 Es difícil pensar que un factor tan clave para el desarrollo de la ciudad, no haya estado presente en las agendas políticas durante los últimos años. Lo cierto, es que tal retraso ha significado una política errada y una gran dispersión de esfuerzos, evidenciados en el resultado de programas aislados y difícilmente continuados por las diferentes gestiones, precisamente por la confusión de los aspectos puntuales.


Un desafío del planeamiento urbano es promover acciones orientadas a la gestión del carácter cultural de las ciudades, estableciendo los procesos de transformación de sus diversas estructuras espaciales y sociales; especialmente si se tratan de transformaciones precipitadas como las impulsadas por los cambios radicales de la economía o la política. En este contexto, se hace necesario el desarrollo de ámbitos de gestión, capaces de procesar esta dinámica de cambios y de contar con instancias autónomas y competentes, como el único camino para lograr la sostenibilidad del patrimonio urbano.

De la experiencia internacional se obtiene que especialmente en las últimas dos décadas, una gran cantidad de nuevos instrumentos de gestión se han utilizado para multiplicar las formas de viabilizar la recuperación urbana, especialmente en lo referente a la captación de recursos privados y a la creación de mecanismos de compensación o estímulo a los propietarios de inmuebles declarados de interés patrimonial.Además, otro factor que nos hace comprender la necesidad de unificar todas las variables necesarias para lograr la vitalidad, es el concepto del valor patrimonial de  áreas protegidas y no  sólo de edificios de valor. Por lo tanto, el conjunto de  los componentes del binomio vitalidad/soporte es  el que  debe  ser considerado por  la actividad pública de manera que  las políticas destinadas a  la conservación y revitalización de  áreas históricas, se realicen en forma conjunta con la actividad privada. Para ello es que desde el gobierno existe la necesidad de una política de gestión compartida con numerosas instituciones y organizaciones, así como con el ciudadano y sus actividades productivas.

En ese sentido, el recurso de la identidad es un factor que incide en todos los niveles de la dinámica social y económica de una sociedad y la importancia de su gestión habla de una planificación sostenida en el tiempo. Un recurso patrimonial acompañado de una gestión cultural interactiva, se presenta al mercado como oferta cultural mediante un camino de promoción y comercialización 4; y como la gestión de la identidad implica trabajar para lograr -o reforzar- una identificación profunda de los ciudadanos con su ciudad, con sus organizaciones y con los productos y servicios de la misma, también forma parte de todo sistema de definición del posicionamiento de la ciudad y de la gestión de su promoción exterior.


© Liz Sheppard


Citas:
1. Gunther, J (1974).
2. Fajre, Silvia. "Patrimonio cultural e identidad urbana -una gestión compartida para el desarrollo económico"-. pp 1-5.
3. PUC, Chile, (2009). Seminario "Gestión del Patrimonio Urbano" p. 6: de los criterios de evaluación del patrimonio y la experiencia internacional.
4. Fajre, Silvia. "Patrimonio cultural e identidad urbana -una gestión compartida para el desarrollo económico"-. pp 1-5.

jueves, 14 de noviembre de 2013

El rol del Centro Histórico


Aunque el término "Centro Histórico" ha ido evolucionando en las últimas décadas y se ha teorizado profundamente sobre el tema, lo cierto es que la gran problemática y el debate, sigue latente: el Centro Histórico frente al Centro Urbano. Se entiende que el inevitable proceso de la ciudad y su propiedad de crecimiento y expansión ha contribuido al abandono del Centro Histórico y al perder la centralidad característica de este último frente a estos nuevos espacios exitosos, va dejando de ser centro y pasa a ser sólo un espacio histórico, mientras la centralidad de la ciudad se va asentando en la nueve sede de la ciudad: el Centro Urbano. Este inevitable proceso, agrega una singularidad a la experiencia de los Centro Históricos en América Latina, y es que van quedando en la ciudad como restos de un pasado que se rehúsa a morir. 

Estos museos fantasmas al perder su centralidad, quedan relegados a servir de espacio administrativo y religioso de carácter simbólico, perdiendo competitividad en el comercio y tugurizándose sus antiguos edificios. Estas contradicciones del espacio, entre pobreza económica y riqueza histórico-cultural de la centralidad, acrecientan el interés por el estudio de los Centros Históricos en esta parte del mundo. También los procesos de preservación y desarrollo, la revolución científica y tecnológica en el campo de las comunicaciones y el proceso de globalización, enmarcan el nuevo horizonte que conduce a los Centros Históricos al dilema actual: ¿ser memoria o protagonista de la ciudad?

Ya Fernando Carrión ha señalado la importancia de los Centros Históricos respecto a su “…posibilidad de preservar y potenciar la memoria para generar sentidos de identidad por función y pertenencia, y de convertirse en plataforma de innovación del conjunto de la ciudad”.1  Estos sentidos de identidad, constituyen parte importante de nuestra formación como integrantes de una colectividad. Sin embargo, más allá de la importancia de reafirmar estos sentidos de identidad, Carrión identifica en el Centro Histórico un rol indispensable para el desarrollo de la ciudad y resalta la responsabilidad de plataforma de innovación para con el resto de la ciudad, teniendo características de estancamiento. Señala además, que en el  contexto histórico actual, “…los  centros  históricos  se convierten  en los  lugares  privilegiados  de producción de memoria, (…) en  ese  sentido  el centro histórico se convierte  en  un  símbolo  más de  la  resistencia  identitaria  local  y, además,  en una  plataforma  de  innovación de  la ciudad toda,  dado que  es  el  espacio  público estructurante  que  más  cambia en  la ciudad y, por  esa razón,  el que  más  tiempo  acumula  (valor de  historia).”2 De esa forma se entiende que el trabajo en el Centro Histórico debe partir del objetivo de convertirlo en la principal fuente de atracción, bajo sentidos de especialización e innovación en la era de la globalización. 

En épocas anteriores y no muy lejanas, en la gestión del Centro Histórico ha apremiado el interés por reducir o remendar ciertos problemas puntuales como temas específicos de vulnerabilidad, vialidad o manejo de nuevas demandas. Esta visión focalizada ha generado el desarrollo de proyectos urbanos aislados, orientados a resolver problemas en situaciones de emergencia y probablemente, esta conducta es la que ha dejado sumido el verdadero rol del Centro Histórico en la más completa ignorancia.

Es bajo una perspectiva de innovación que surge la necesidad de trabajar la intervención en el Centro Histórico como un Gran Proyecto Urbano (GPU) 3, el cual lejos de fomentar propuestas exclusivas y aisladas, trabaja el tema de Centros Históricos desde la integración de ejes, entendiéndose que la crisis urbana se solventará si se trabaja desde los centros históricos, porque el actuar sobre ellos requiere pensar en el concepto, esencia y desarrollo global de la ciudad. Además, la intervención adquiere un compromiso atemporal en la construcción de una afirmación de la memoria de un grupo humano, por lo tanto es vital entender que inevitablemente el intervenir el objeto alterará no solo la imagen urbana de la ciudad -para bien o para mal- sino tan importante como eso, el estado de conservación de una parte de la historia de un grupo de individuos en un tiempo subjetivo. De allí que se requiera de un organismo público que institucionalice este carácter cívico –representativo-, que impulse su condición de GPU –legitimidad- y que rinda cuentas de sus actos –transparencia-; y así como “…no hay ciudades sin ciudadanía, no existe ciudadanía sin Estado; por tanto, en cualquier propuesta sobre el centro histórico tiene que estar presente esta tríada indisoluble: ciudadanía, ciudad y Estado”.4

Por lo tanto, la buena gestión del poder del Estado en los proyectos de intervención es un punto clave en las fallas o aciertos del GPU, porque entendemos que el  Estado es el único capaz de concebir propuestas de regeneración urbana en los centros históricos, entre otras cosas, porque es el único miembro que tiene la capacidad administrativa de hacerlo.  En este sentido, uno de los principales problemas en las gestiones que dirigen proyectos urbanos en los Centros Históricos es la escasez de preparación o de compromiso efectivo para con la ciudad. Sin caer en clichés innecesarios, podemos resaltar que la buena gestión de una ciudad determinará su desarrollo o estancamiento y caída, y para esto la ciudad depende únicamente de las personas dotadas de poder para la toma de decisiones.

Dentro de los proyectos gestionados para Centros Históricos, muchas veces se considera que por tener características similares entre países o incluso entre ciudades, las soluciones pueden ser las mismas, tratando de unificar un solo camino de actuación. Los Centros Históricos de América Latina, si bien por lo general han sufrido un proceso bastante similar en su dinámica de cambios formales, dado que “…las propuestas teóricas de la arquitectura y el urbanismo irradiaban desde un mismo origen la realidad socio histórica resultante…”,5 la realidad es que existen singularidades a diversas escalas que son las que componen la riqueza y multiculturalidad del continente. Por lo tanto, sus actores sociales son sensiblemente diferentes, es por ello que resulta difícil -sino imposible-, generalizar estas propuestas.

Por lo tanto, el Centro Histórico es más que un lugar de memorias estancadas. Además de la importancia de su conservación para mantener vigente la identidad de una nación y su afirmación como colectividad, el rol que cumple el Centro Histórico en la era de la globalización es fundamental para garantizar el desarrollo o estancamiento de una ciudad. Entendemos además, que del resultado de la simbiosis entre ciudadanía y estado depende el éxito del Centro Histórico para convertirse en plataforma de innovación para con el resto de la ciudad. Por  eso es  importante tener  un sujeto  social con  voluntad consciente y es fundamental la  construcción de  un  gobierno único  de carácter  público  -transparente,  legítimo  y  representativo-  que  sea capaz  de enfrentar  este reto.  Por ese  motivo -y citando una vez más a Fernando Carrión-, más que una realidad, el Centro Histórico puede ser considerado un proyecto y objeto de deseo.6

     Foto 1: Centro Histórico de La Habana Vieja, Cuba.


  Foto 2: Centro Histórico de Curitiba, Brasil.

      Foto 3: Centro Histórico de Quito, Ecuador.

Citas:
1. CARRIÓN, Fernando (2005). "Centro Histórico como proyecto y objeto de deseo". EURE (Santiago) [online], vol. 31, n. 93, pp. 89-100.
2. Idem. pp 89-100.
3. Idem. pp 89-100.
4. Idem. pp 89-100.
5. CARABALLO, Ciro (2000). "Centros Históricos y turismo en Latinoamérica: Una polémica de fin de siglo". FLACSO, Ecuador. "Desarrollo cultura y gestión en Centros Históricos". pp. 105-120.
6. CARRIÓN, Fernando (2005). "Centro Histórico como proyecto y objeto de deseo". EURE (Santiago) [online], vol. 31, n. 93, pp. 89-100.

martes, 17 de septiembre de 2013

Patrimonio milenario, republicano y moderno en peligro



DEL PASADO SAQUEMOS PROVECHO

Tenía seis metros de alto y más de 2.000 m² de extensión. El 29 de junio, la pirámide del sector 8 del complejo arqueológico El Paraíso, en el distrito limeño de San Martín de Porres, fue quemada, y la del sector 7 tajada con maquinaria. Tres pirámides más hubieran sufrido el mismo destino si los vecinos no alertaban a las autoridades. ¿Por qué tanto desprecio por un patrimonio que, puesto en valor, sería la envidia del mundo entero?

Esto sucedió en una huaca que, sin embargo, sí era foco de atención del Ministerio de Cultura. En diciembre del 2012 había anunciado un proyecto de 3,5 millones de soles para su puesta en valor. Un mes después, se halló el Templo del Fuego que, según Marco Guillén Hugo, el arqueólogo responsable del sitio, presenta características y fecha similares alas estructuras de Caral y Kotosh, y aproximaría los 3.000 a.C. Abajo, dos pirámides más antiguas quedan todavía por excavar. Si lo confirma la datación por radiocarbono, la capital peruana podría situarse así en la misma línea de tiempo que Caral y la zigurat de Ur, en Mesopotamia. 

Sería un argumento de peso para atraer a Lima a esos turistas extranjeros que, como afirma la po­pular guía anglosajona Lonely Planet, “suelen huir rápidamente de ella para ir en busca de destinos más idílicos en los Andes”. ¿Por qué no se ve el impacto turístico del patrimonio cuando en países como México, Francia y Egipto ha sido desde décadas la fuente de un desarrollo económico sostenido? ¿Por qué no se aprovechan semejantes deterioros para usar el artículo 5º de la Ley General 24047 de Amparo al Patrimonio Cultural de la Nación (03.1.85), que declara “de utilidad y necesidad públicas la expropiación de los bienes culturales de propiedad privada, muebles e inmuebles que estén de riesgo de perderse para el Patrimonio Cultural de la Nación por abandono, destrucción, deterioro sus­tancial y exportación clandestina”? Si siguiera las denuncias hasta sus últimas consecuencias —en vez de contentarse con la ridícula multa municipal de dos unidades impositivas tributarias (7.400 soles) por pirámide destruida, como en El Paraíso—, el Estado peruano podría recuperar la propiedad pública de su patrimonio en pocos años. Y, a partir de ahí, decidir cómo administrarlo. Con la empresa privada, como lo hizo la Municipalidad de Miraflores en la huaca Pucllana con la actual ministra de Cultura, Diana Álvarez-Calderón, o con otros modelos de cogestión civil, aún por inventar.



MEMORIA SIN REGISTRO

A raíz del escándalo de El Paraíso, Luis Cáceres, jefe de la Dirección de Arqueología del Ministerio de Cultura,señalaba que solo 44 de las 366 huacas de Lima (el 12%) estaban inscritas ante la Superintendencia Nacional de Registros Públicos (Sunarp). Y que las más expuestas eran aquellas ubicadas en las zonas periféricas de Lima, como Ate, Carabayllo y Pachacámac.

El sitio incaico de Puruchuco, en Ate,tiene pendiente la creación de un túnel en el cerro considerado patrimo­nio tan intangible como la huaca que lo domina. La misma Ley 24047 lo dice: “La protección de los bienes inmuebles, comprende el suelo y subsuelo en que se asientan” (artículo 4º). Las protestas virulentas de la sociedad civil salvaron el cerro del tajo abierto inicialmente previsto por la constructora con el asen­timiento de la municipalidad. Ahora la solución de un túnel medio enterrado, que dinamitaría el cerro y pondría en riesgo el equilibrio telúrico de la huaca,sigue generando controversia.

Y acá solo hemos mencionado las huacas con nombres, apellidos y partida de nacimiento. Pero¿cuántas tumbas Moche y momias pluricentenarias quedan aún por descubrirse? ¿Cuántos Caral, cuántos Bandurria? Se ha vuelto todavía más difícil proteger los futuros tesoros de la Nación desde que el Decreto Supremo 054-2013-PCM entró en vigor el 1 de junio del 2013 y, con ello, la facilitación de emisión de Certificados de Inexistencia de Restos Arqueológicos (CIRA) para los proyectos de inversión. Antes, se aplicaba el silencio administrativo negativo: no se ejecutaba ninguna obra hasta que los arqueólogos del Ministerio de Cultura redactaran el CIRA. Ahora con el DS 054,el plazo de entrega se reduce a veinte días, al cabo de los cuales se aplica el silencio administrativo positivo. Cualquier retraso administrativo de parte del Ministerio de Cultura beneficia de facto a las empresas inversionistas.

La primera urgencia sería registrar esas 322 huacas limeñas. Inscribir cada una de ellas en la Sunarp costaría alre­dedor de 400.000 soles, lo que sumaría un total de 13 millones de soles. ¿Cómo hacer milagros con un presupuesto que se quedó estancado desde la era del Instituto Nacional de Cultura? Afor­tunadamente, la flamante Ministra de Cultura ha anunciado que el patrimonio arqueológico sería su objetivo prioritario durante su gestión. Ojalá tome en con­sideración las legítimas preocupaciones de la comunidad científica.


UN DESARROLLO INTEGRAL

Como todos los arqueólogos, el presi­dente del Comité Peruano del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), Alberto Martorell, se muestra inquieto respecto del DS 054. Sin embargo, guarda una visión positiva del uso que se puede hacer de las huacas. Según declaró a La Mula TV, este decreto “parte de la premisa—equivocada— de que patrimonio es traba al desarrollo. Esa dicotomía ya es manida y antigua, pero no superada en términos reales. Hay que cambiar esa idea. Lo que nosotros proponemos es incorporar el patrimonio en el proceso de desarrollo”.

Por su parte, el presidente de ICO­MOS Perú propone “impulsar los sitios arqueológicos lo más posible,hacer centros de interpretación y demás, y desde la carretera principal trazar una secundaria que lleve a ese sitio arqueo­lógico, de modo que lo invertido irradie desarrollo. La carretera sigue siendo la infraestructura necesaria,pero se incorporan esos valores paisajistas, ambientales, al desarrollo local, al desa­rrollo de artesanía y pequeños negocios que puedan surgir entorno a ese sitio”.

Klaus Hönninger Mitrani,director fundador del Museo Paleontológico Meyer-Hönninger en Chiclayo, sugiere que “se debería considerar la posibili­dad que cada municipio vele y ponga en valor los centros de su jurisdicción, imponiéndoles la responsabilidad civil y penal por su cuidado. El ministerio puede fiscalizar esta responsabilidad, pero no nombrarse dueño de ellos y no estar en las condiciones de hacer nada”.



UN ROSTRO PARA LA CIUDAD

La Municipalidad de Miraflores siempre fue pionera en cuestiones patrimoniales. En julio del 2012aprobó la Ordenanza 387/MM para proteger activamente sus casonas “con valor urbanístico para el distrito”. La ordenanza facilita al propietario de un inmueble ubicado en una “Microzona de Valor Urbanístico” y/o declarado como “Bien Cultural Inmueble” por el Ministerio de Cultura, un Certificado de Derecho Edificatorio. Ese documento le reconoce al propietario la posibilidad de edificar una determi­nada cantidad de metros cuadrados por encima de la altura normativa en uno de los “Ejes de Aprovechamiento del Potencial de Desarrollo Urbano”. Este documento puede ser vendido, lo cual permite cierta plusvalía, además de cubrir los gastos de la renovación. Cinco casonas,incluyendo algunas de la Quinta Prado, se encuentran ahora en la fase de análisis de patologías edificatorias.

Las casonas republicanas,con su academicismo ecléctico mestizado de colores vivos locales, siguen siendo las figuras identitarias de esta ciudad sin rostro. Y si ellas tienen sus fervientes defensores por su estilo de vida ameno, desacelerado y de baja densidad, también los tiene la modernidad peruana. La de­molición del Residencial Limatambo de Enrique Seoane Ros (1953) emprendida por su propietario, el Grupo Breca, en plena esquina entre las avenidas Javier Prado y Paseo de la República, marca el cambio brutal de una arquitectura de carácter, funcional, bella, dinámica, de escala doméstica, a la enésima caja de vidrio continuo sin relieve ni colores vivos, ni la menor relación al contexto urbano. Su principal interés será de superar la altura del Hotel Westin Libertador (2011, 118.55 m), obra del mismo arquitecto, Bernardo Fort Brescia, que aceptó pisar un ícono de la Lima moderna y aún humana. ¿Por qué la modernidad significaría hoy el opuesto de sus valores de origen? ¿Desde cuándo el futuro implica dar marcha atrás en contra del bienestar común?


Miraflorina Quinta Prado, donde algunos propietarios buscan acogerse a una ordenanza que proteja sus casonas.
Miraflorina Quinta Prado, donde algunos propietarios buscan acogerse a una ordenanza que proteja sus casonas.

En Puruchuco (Ate), la creación de un túnel que afectará el equilibrio telúrico de la huaca sigue generando controversia.

En Puruchuco (Ate), la creación de un túnel que afectará el equilibrio telúrico de la huaca sigue generando controversia.

Escenarios. Construido originalmente para albergar viviendas, el edificio Limatambo hace años dejó de ser residencial. En su lugar se erigirá un moderno edificio de oficinas diseñado por Bernardo Fort Brescia, arquitecto del Hotel Westin Libertador, ubicado al frente. © cortesía Graña y Montero
Escenarios. Construido originalmente para albergar viviendas, el edificio Limatambo hace años dejó de ser residencial. En su lugar se erigirá un moderno edificio de oficinas diseñado por Bernardo Fort Brescia, arquitecto del Hotel Westin Libertador, ubicado al frente. © cortesía Graña y Montero

El Paraíso, complejo arqueológico de entre 4.000 y 5.000 años de antigüedad que en los últimos meses sufrió varias destrucciones y daños.
El Paraíso, complejo arqueológico de entre 4.000 y 5.000 años de antigüedad que en los últimos meses sufrió varias destrucciones y daños.

El Paraíso, complejo arqueológico de entre 4.000 y 5.000 años de antigüedad que en los últimos meses sufrió varias destrucciones y daños.
El Paraíso, complejo arqueológico de entre 4.000 y 5.000 años de antigüedad que en los últimos meses sufrió varias destrucciones y daños.

Propiedad de: Revista PODER (Lima, Perú), Agosto del 2013, pág. 82-85. Sección mensual de arquitectura.

sábado, 31 de agosto de 2013

El derecho a la ciudad


Entre los intereses intelectuales del filósofo Henri Lefebvre, quien aportó como crítico-teórico principalmente con sus análisis sobre la modernidad y la vida cotidiana; se encontraron los problemas de urbanización y territorio, presentando a la ciudad como el corazón de la insurrección estética contra lo cotidiano.1 Para él, el ser humano tiene necesidades sociales antropológicas que no son tomadas en cuenta en los estudios y reflexiones teóricas sobre la ciudad, particularmente en el urbanismo; pues considera que este se encuentra separado de la reflexión teórica refugiándose en lo pragmático. Según Lefebvre, la necesidad de lo imaginario es olvidada por el urbanismo y frente a los problemas urbanos, formula particularmente la necesidad de la afirmación de un nuevo derecho: el derecho a la ciudad.


Para Lefebvre el derecho a la ciudad se  manifiesta como una forma superior de todos los derechos. Esto implica nociones como el derecho a la libertad, a la individualización en la socialización, al hábitat y al habitar. Asimismo, complementa la idea implantando el concepto de derecho a la obra -como actividad participante- y el derecho a la apropiación. Afirma también, que el derecho a la ciudad es uno de los derechos en formación de la sociedad urbana, el cual comienza sobre las ruinas de la ciudad antigua (Lefebvre 1978).2

Entre los principales derechos sugeridos por Lefebvre están: el derecho al trabajo, a la instrucción, a la educación, a la salud, al alojamiento, al ocio y a la vida.  El derecho a la ciudad, sin embargo se constituye no como derecho a la ciudad antigua sino a la vida urbana,  a la centralidad renovada, a los lugares de encuentro y cambios, a los ritmos de vida y empleos del tiempo que permiten el uso pleno y entero de estos momentos y lugares, en resumen el derecho a la ciudad es el derecho de habitar y vivir la ciudad en su totalidad, ya que “todos tenemos el derecho de poder vivir la ciudad, de hacer uso del  espacio. La vida  urbana supone encuentros, confrontaciones de diferencias, conocimiento y reconocimientos  recíprocos, maneras  de  vivir y patrones  que coexisten  en  la ciudad”. 3

Por otro lado -complementando la idea-, Borja sostiene que los valores  relacionados  a  la ciudad tales como: la libertad, cohesión social, protección y desarrollo de los derechos individuales, de expresión y  construcción de identidades, de democracia participativa y de igualdad entre los habitantes;  dependen  principalmente  del  estatuto  de ciudadanía,  sin  embargo  esta  debe  ser  más  que  un simple reconocimiento formal. Para ello los habitantes deben ejercer activamente su rol activo dentro de la ciudad y tener un pleno reconocimiento de estos derechos; por lo tanto el derecho a la ciudad, está sujeto a la forma en la que funciona la ciudad, ya que esta debe ser un espacio público tanto en un sentido físico como en sentido político y cultural. (…) Y también de que la ciudad funcione realmente como espacio público en  un  sentido  físico  (centralidades,  movilidad  y accesibilidad  socializada,  zonas  social  y  funcionalmente diversificadas, lugares con atributos o significantes) y en un sentido  político y cultural (expresión y representación colectiva, identidad, cohesión social e integración ciudadana)”.4

En ese sentido, podemos destacar la importancia del espacio público como una condición básica para el ejercicio de la ciudadanía;  en consecuencia el  derecho  al  espacio  público  de  calidad, es  un  derecho fundamental para la sociedad.


LA CIUDAD VIVA _aldo van eyck_500x500 - STEPIENYBARNO

    © Playgrounds de Aldo Van Eyck


Citas:
1. LEFEBVRE, Henry. (1978).
2. LEFEBVRE, Henry. (1978).
3. LEFEBVRE, Henry. (1978).
4. BORJA. (2003: 22).